Imagen Aleatorias ARQUITECTURA: €œExtensión orientada que da cabida, a los actos y oficios humanos, para que estos esplandezcan como en fiesta. /Fabio Cruz.

miércoles, abril 11, 2007

Los homeless...


Mientras miraba el World Press Photo. Di con una imagen similar a la que vemos arriba. Se titulaba Tiendas para homeless, en París. Y lo que muestra son tiendas de campaña, que algunas organizaciones de ayuda han repartido entre gente sin hogar, en algunas ciudades del primer mundo (en inglés: homeless).

Bueno, al ver la imagen recordé que hace años tuve una fuerte discusión, en un seminario del Magíster de Arquitectura, sobre este mismo tema, con otros estudiantes de post-grado.
Resultó que me habían invitado a integrar una comisión para este seminario. Ahí estaba yo, sentado en una larga mesa blanca, con otros académicos mucho mayores, listo para comentar las exposiciones de un pequeño grupo de estudiantes del Magíster, que estaban frente a nosotros. A nuestras espaldas, se sentaban en las graderíasm un público formado por otro numeroso grupo de alumnos.
Recuerdo que entonces un estudiante presentó un trabajo de investigación, donde él trataba el tema de los homeless y su precario mundo. A medida que avanzaba la disertación, se proyectaban frente a nosotros distintas imágenes y esquemas. No pasó mucho rato para que empezara a sentirme incómodo, ya que toda la exposición me parecía que se situaba en una perspectiva muy frívola y deshumanizada.
Lo que más me molestó fue esa mirada abstracta y la falta total de sentimiento frente al drama. Recuerdo las fotografías que mostraban los objetos personales de los homeless, (mezclados junto a la basura), siendo analizados como conjuntos estéticos y de orden espacial. Recuerdo un gráfico que dibujaba la distribución los circuitos de desplazamiento de lo que parecía ser un "hábitat del homeless", y que a mi me rememoraba esos gráficos migratorios de los animales, que uno ve en los documentales.
Pareció que la sala se saturó de un aire de metódico análisis (al menos yo sentía eso), en donde una distancia enorme como un abismo, se abría entre "el objeto de estudio" y nosotros. Un refinado y académico menosprecio nos contagiaba, al observar toda esa miseria con curiosidad casi científica...
Cuando me tocó opinar, lo critiqué con dureza. Ahora que lo pienso, yo estaba muy molesto y creo que mi tono de voz era tan agrio que sorprendió y descolocó al pobre estudiante, al punto de que no pudo argumentar una buena defensa. Bueno, la verdad es que la discusión no era equilibrada, ya que él no podía replicar en el mismo tono, así que nuestro duelo no se extendió demasiado.
De entre todas las experiencias y estilos que puede tener nuestro oficio, llevarlo a lo más indolente, a lo más alienado (simulando una metódica objetividad científica), no hace más que despojar, a personas totalmente desprotegidas, de lo poco que pueden conservar; como es el respeto y la preocupación, que una sociedad instruida debería guardarles.
Tendencia muy distante a otras expresiones del Arte, cuya observación del mundo rescata y transmite una belleza que la enaltece y dignifica. El Arte da, no quita.

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martes, abril 03, 2007

El Citroën 2CV

La historia de este extraordinario vehiculo y su "relación" con la Arquitectura, en un interesante post de Almalé.


(Nuestro Citroën 2CV.
En la imagen: sobre el capot estoy yo en primer plano, y mi hermano Víctor está sentado un poco más atrás. A los pies, mi hermana Alida recogiendo piedras. En el interior, todo el resto de los primos.)

Acá el Citroën 2CV visto por ykbk

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domingo, septiembre 11, 2005

Comedor Solidario Universitario


Ayer tuve un encuentro añorado. Uno de mis pocos amigos que conservo de aquellos años universitarios en Valparaíso, vino a Santiago y estuvimos paseando y conversando largamente. Al escuchar su voz y ver las fotografías que trajo consigo, mi mente echó marcha atrás... a 1994. Ese año me integré a un equipo de estudiantes de varias carreras y universidades, que dirigía el famoso Comedor Solidario Universitario.
Con su sede en una parroquia, cerca del congreso nacional, este comedor, (fundado en la década del 80, con el fin del sistema universitario gratuito y la fragmentación de la Universidad de Chile en Universidades Regionales) daba colaciones diarias a un grupo de cerca de 150 estudiantes diarios. Todos con el problema de la alimentación.
La mayoría no tenía beca de almuerzo, o vendían sus vales para procurarse dinero. Era también común que la burocracia de las universidades, hacía que las asignaciones de beneficios demoraran incluso meses para repartirse. Así, muchos estudiantes tenían, a parte de la preocupación de estudiar, pagar las mensualidades, o gestionar el crédito universitario, el problema de una alimentación de calidad sin muchos trámites. El comedor suplía esta carencia (que era real). Daba colaciones gratuitas con los mismos índices nutricionales que la que entregaban los concesionarios de las universidades.
Participar de ese grupo fue una de las actividades más satisfactorias que realicé esos años. Conocí el sentimiento desprendido de generosidad de muchos estudiantes, que después se convirtieron en médicos, ingenieros, químicos, psicólogos, arquitectos, historiadores, abogados, etc. Todos ellos trabajaron sin remuneración durante muchos meses y le dedicaron muchas horas de su tiempo, para con otros estudiantes más aproblemados, sin pedir nada. Como algo natural.
Recuerdo a Dante, Ximena, Margót, David, Marcelo, Fredy, Rodrigo, la “Tía Lupe”, y muchos otros...
Inventábamos todas las argucias posibles para lograr incrementar los pocos recursos que reuníamos. Por ejemplo, enviábamos a las niñas más bonitas a comprar al mercado, las que con sus sonrisas y guiños obtenían los mejores descuentos. O las compras en la caleta se le encargaban a las “tías” que nos cocinaban. Ellas se plantaban frente a los pescadores con aires de “madres pobladoras”, para sacarles extras de anguilas y pescado de menudencia como “yapa” en cada compra.
De esos años solo quedan buenos recuerdos de idas en grupo a la playa, comidas en la pensión de alguien, conversaciones interminables frente a las bandejas de arroz o tallarines con salsa. Y dos o tres amigos que, (a diferencia de mis compañeros y colegas de dos universidades), de verdad se preocupan de saber, de llamar, de verte.

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lunes, agosto 15, 2005

Y llegó la hora de decir adiós/ decir adiooooós. :)

Y partió mi viejo Madensa... Mi verdadero primer PC. Un Celeron armado de 366 Mhz y 64Mb de RAM.
Lo compré a fines del siglo pasado (je je je, suena sideral) y me dio grandes satisfacciones, entre las cuales está haber escrito y diagramado mi tesis de Magíster...
Pero como todo en esta vida, fue quedando obsoleto en sus prestaciones. Así que decidí comprar otro mucho más potente (y que ya lleva un upgrade). Y eso hizo que mi modesto Madensa (siempre fiel, siempre a pie del cañón. Cuantas noches en vela jugando o bajando archivos desde Internet, por una conexión telefónica), fuera quedando bajo la mesa...
Enviarlo a la basura me parecía un final indigno, así que decidí regalarlo. Ubiqué una persona que requería uno y no podía comprarlo y se lo obsequié.
Lo recomiendo. Es un gesto que genera un buen sentimiento. Además que aporta a acortar la "brecha digital" (se que muchos tienen equipos obsoletos, que los destripan o los usan como firewall. Regalarlos es una buena opción. Un gesto generoso).
Si bien se trata de aparatos un poco obsoletos, en muchos casos son suficientes para sus potenciale susuarios, además que se pueden cargar con programas como linux.

Y todo terninó como dice la canción, con un adiós: Mi querido Viejo/ ahora ya camina lento/ como perdonando el viento/...
:)

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domingo, abril 03, 2005

Recuerdos de esos años...

Las únicas palabras que puedo dedicar a la memoria de Juan Pablo II, rememoran ese día en que lo vi montado en el papamovil avanzando por Américo Vespucio hacia el centro. Su cuerpo resplandeciente de blanco. Su rostro rosado... Yo saltaba para divisarlo mejor. Y la gente sonreía.
Aún recuerdo todas esas imágenes.
Y recuerdo el país en esos días. Él y su peregrinar por entre calles, ciudades y regiones. Y por entre esas gentes... arrogantes algunas, y desesperadas otras. Fue a través de sus ojos donde el caos, el reclamo y la violencia de esos años, se hizo nuevamente patente en nuestra sociedad. Lo que algunos trataban de negar u ocultar, se mostró y fue evidencia pública. Su presencia sirvió para abrir la censura sobre historias calladas y reprimidas. Haciéndola una verdad conocida por todo el mundo.

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lunes, marzo 28, 2005

Fin de semana en Valparaíso.

Este fin de semana viajé a mi recordado Valparaíso. Visite nuevamente sus calles, plazas y cerros, recordando aquellos años de estudiante porteño. Aún recuerdo como era un fin de semana típico. Donde lo más importante que hacía el sábado en la mañana, era visitar la tradicional feria de antigüedades de la plaza O’Higgins. Aún recuerdo el sonido agudo de una brillante vitrola, que en un increíble buen estado, tocaba incesantemente canciones y tonadas. Recuerdo el brillo de la platería, colocada sobre mesas y muebles de madera. Dispuesta en orden ante la mirada de los transeúntes. Era un suelo lleno de objetos refulgentes, algunos. Otros de losa y porcelana blanca, que desfilaban bajo mi vista impertérrita. Libros de tapas descosidas. Revistas apiladas. Sombreros, armas, sables, monedas, estampillas, baúles, cuadros, juguetes de lata, arañas de cristal. Un sin fin de objetos disociados. Huérfanos. Vueltos a juntar a la fuerza en los puestos de venta.
Y aunque no me gustaban las antigüedades, los observaba con curiosidad.
Nunca compré nada. Salvo algunas plumillas de resistente acero, que usaba para dibujar mis croquis con tinta china. Y alguna que otra revista de ciencia ficción, de los años 60. Recuerdo también lo que compró mi compañero de cuarto. Un añoso libro de ajedrez: “"Alekhine. Mis mejores partidas”". Con el que pulió su innato talento, a tal punto que, mientras yo paseaba entre los feriantes, el se daba maña de jugar y ganar encarnizadas partidas con los ancianos y aficionados que se ubicaban al otro extremo de la plaza.




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Sector Aduana. Valparaíso.


Museo a cielo abierto. Valparaíso, Cerro Bellavista.

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domingo, marzo 20, 2005

Después de 15 años.




Hoy, después de 15 años, el pasado, el presente y el futuro se encontraron.

Nerviosamente, aparecían uno a uno los protagonistas de una historia inconclusa. Rostros actuales, sonrisas sinceras y abrazos cálidos se mezclaron con recuerdos a veces olvidados y ecos que aún quedamente resuenan en mi memoria, de peripecias escolares, de aventuras heroicas y jugarretas infantiles.

Roberto, Octavio, Julio, César, Juan Pablo, Nabor, Esteban, Patricio, Agustín, Hjalmar, Eduardo, David, Lisandro, José y Rafael, son quienes emergieron de ese pasado para encontrarse y cruzar miradas en el presente.

No creo en los discursos sensibleros. Ni en las promesas de amistad eterna.
No somos una familia. No nos debemos nada. Y no nos sacrificaremos por los otros.

Pero algo hizo que fuera necesario el reencontrarnos. Como si debiéramos rendir un tributo al tiempo cómplice del ayer.

Y creo que eso es. El haber vivido, para bien o para mal, algo común.

No hay por que buscar algo más complejo que eso. Cada uno mira con tal cuidado su pasado, que siente que su historia rebota y se mezcla como olas, en los mundos personales de los que lo rodeaban en esos años íntimos. Uno los mira, y sabe que son testigos. Pueden dar fe de que eso sucedió. De que ese tiempo existió.

Si se me permite ser infidente. Diré que para algunos pareció ser un momento de complicidad sencilla y alegre. Donde esto de recordar los momentos compartidos, los juegos, las victorias, los secretos de curso, aparecía constantemente en la conversación, con placentera nostalgia. Pero también ocurrió, que más de alguno sitió que algo por fin concluía. Que la deuda con esa historia era saldada. Dejando que aquel peso largamente llevado, fluyera y se disolviera entre nosotros, (los únicos testigos... Los únicos que podíamos entender...) con un gesto de acogida y comprensión. Y así, creo que el futuro se hizo presente, en ese acto liberador de dejar con los recuerdos del pasado, el lastre que amenazaba con acompañarnos hasta el fin de nuestros días. Se abría un camino nuevo. Más seguro, más sereno.

¿Es mera cursilería esto que escribo, hablando del tiempo, de lo cómplice y del pasado? Tal vez. Pero no es menos real. Sino ¿cómo explicar, por ejemplo, el que se hablaran muchas cosas y se hicieran muchas bromas. Pero principalmente, se recordara a los otros. A los ausentes?.

Simplemente no pudimos olvidarlos, ni dejar de hablar de ellos en ningún momento.
Estuvieron, en ese sentido, más presentes que nadie.

Así es que deseo terminar estas palabras, no solo recordando todos esos momentos... del pasado, el presente, y un futuro con la promesa de volver a juntarnos. Sino también, en ese acto fiel del recuerdo de los compañeros aún desaparecidos.
Para ellos dedico estas líneas. Para que puedan ser guiados al reencuentro y la camaradería.

Y lo dedico también, para aquel hermano que no volverá, pero que siempre estará y nunca su recuerdo nos dejará.

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