Los homeless...
Mientras miraba el World Press Photo. Di con una imagen similar a la que vemos arriba. Se titulaba Tiendas para homeless, en París. Y lo que muestra son tiendas de campaña, que algunas organizaciones de ayuda han repartido entre gente sin hogar, en algunas ciudades del primer mundo (en inglés: homeless).
Bueno, al ver la imagen recordé que hace años tuve una fuerte discusión, en un seminario del Magíster de Arquitectura, sobre este mismo tema, con otros estudiantes de post-grado.
Resultó que me habían invitado a integrar una comisión para este seminario. Ahí estaba yo, sentado en una larga mesa blanca, con otros académicos mucho mayores, listo para comentar las exposiciones de un pequeño grupo de estudiantes del Magíster, que estaban frente a nosotros. A nuestras espaldas, se sentaban en las graderíasm un público formado por otro numeroso grupo de alumnos.
Recuerdo que entonces un estudiante presentó un trabajo de investigación, donde él trataba el tema de los homeless y su precario mundo. A medida que avanzaba la disertación, se proyectaban frente a nosotros distintas imágenes y esquemas. No pasó mucho rato para que empezara a sentirme incómodo, ya que toda la exposición me parecía que se situaba en una perspectiva muy frívola y deshumanizada.
Lo que más me molestó fue esa mirada abstracta y la falta total de sentimiento frente al drama. Recuerdo las fotografías que mostraban los objetos personales de los homeless, (mezclados junto a la basura), siendo analizados como conjuntos estéticos y de orden espacial. Recuerdo un gráfico que dibujaba la distribución los circuitos de desplazamiento de lo que parecía ser un "hábitat del homeless", y que a mi me rememoraba esos gráficos migratorios de los animales, que uno ve en los documentales.
Pareció que la sala se saturó de un aire de metódico análisis (al menos yo sentía eso), en donde una distancia enorme como un abismo, se abría entre "el objeto de estudio" y nosotros. Un refinado y académico menosprecio nos contagiaba, al observar toda esa miseria con curiosidad casi científica...
Cuando me tocó opinar, lo critiqué con dureza. Ahora que lo pienso, yo estaba muy molesto y creo que mi tono de voz era tan agrio que sorprendió y descolocó al pobre estudiante, al punto de que no pudo argumentar una buena defensa. Bueno, la verdad es que la discusión no era equilibrada, ya que él no podía replicar en el mismo tono, así que nuestro duelo no se extendió demasiado.
De entre todas las experiencias y estilos que puede tener nuestro oficio, llevarlo a lo más indolente, a lo más alienado (simulando una metódica objetividad científica), no hace más que despojar, a personas totalmente desprotegidas, de lo poco que pueden conservar; como es el respeto y la preocupación, que una sociedad instruida debería guardarles.
Tendencia muy distante a otras expresiones del Arte, cuya observación del mundo rescata y transmite una belleza que la enaltece y dignifica. El Arte da, no quita.
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